viernes, 13 de mayo de 2016

El drama de la Universidad Peruana

El miércoles 02 de julio de 2014 se promulgó la Ley Universitaria 30220, que entre otros aspectos busca mejorar y en algunos casos instalar la calidad en la educación superior universitaria. La resistencia a su ejecución ha sido variada, quienes la implementaron con mayor rapidez fueron las universidades privadas en tanto en las universidades públicas la resistencia fue y aún es intensa. Uno de los temores es el cese de los profesores mayores de 70 años, muchos de los cuales son verdaderos héroes de la resistencia a los peores años de la universidad pública, ellos fueron tan creativos que con
poco hicieron todo lo que pudieron, pero también en esa época muchos se mediocrizaron y conformaron un grupo de docentes que aportaron poco al desarrollo de la institución, probablemente como resultado de la situación social y económica crítica de los años 80 -90, la nueva Ley los sorprendió en sus 70 o próximos a cumplirlos, lo cierto es que en las universidades públicas se ha instalado una gerontocracia que se resiste al cambio.
Por otro lado, hay quienes basan su resistencia a la Ley en la autonomía que según sus conceptos ha sido mancillada, visualizan una universidad intervenida por el poder político, la costumbre de depender de una Asamblea Nacional de Rectores "independiente" les impide analizar que la autonomía es como la libertad, tiene sus normas y límites.
La autonomía universitaria no es solo la "independencia" del poder político, en el caso particular de la universidad peruana, estas son ahora supervisadas por el SUNEDU que es una dependencia del Ministerio de Educación, su función no es intervencionista, se puede revisar la Ley 30220 y no se leerá en ninguno de los artículos que ese sea su rol, sino que velará por la calidad educativa, así que si esa es la base de la resistencia a la implementación de la Ley universitaria, es un concepto pobrísimo de lo que significa autonomía universitaria. También se puede torpedear la autonomía desde el interior de la universidad y hacer que este atropello avance de manera silenciosa como el cáncer que al ser extirpado deja focos metastásicos que harán que la enfermedad vuelva a emerger, pero ese aspecto no lo podrá ver quien es parte del conglomerado que violenta la autonomía desde el interior.
La verdadera autonomía no puede ser solo política, también es formativa, si la universidad pública sigue sin sonrojos el camino neoliberal a ultranza, sin detenerse a pensar que lo que está produciendo bajo ese enfoque son máquinas sin imaginación ni creatividad, que formarán parte de una masa acrítica, se está perdiendo lo más valioso del verdadero significado que tiene la autonomía universitaria, que es la de formar personas que sean capaces de empatizar con otras, y que entiendan que los progresos científicos y tecnológicos no son solo para ganar Grants o premios al mérito, sino para aliviar el sufrimiento ajeno: la pobreza, la enfermedad, la contaminación del ambiente, el uso adecuado de los recursos, etc. La universidad verdaderamente autónoma es también democrática, forma personas que aceptan los triunfos pero también las derrotas, sin traumas ni resentimientos, prepara individuos capaces de ser felices con sus logros y capaces de renacer de sus propias cenizas.
Si aún no es demasiado tarde, esperamos ver el fruto de los estudios generales y de los nuevos planes curriculares que no tomen únicamente lo que está de moda en los países desarrollados sino lo que nuestro país necesita, nuestro desafío es demostrarnos que podemos ser auténticos, creativos y verdaderamente autónomos.

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